domingo, 1 de abril de 2012

Los niños vuelven a trabajar en Nápoles


"Esto no se veía desde la Segunda Guerra Mundial."

En esta ciudad, una de las más pobres de Europa, miles de niños dejan el colegio para ayudar a sus padres a llegar a fin de mes. Trabajan en negro o bien son captados por la mafia para que se encarguen de las tareas sucias. Un fenómeno que se ha acentuado con la crisis. Extractos.
Son las siete de la mañana en San Lorenzo, en el corazón de Nápoles. Un chaval se desliza por el laberinto de callejuelas húmedas, con una pesada caja de conservas en el brazo. Con un chándal desgastado, la capucha sobre la cabeza y unas zapatillas viejas, el pequeño Gennaro comienza su jornada laboral.
Nadie se sorprende al verle trabajando tan temprano. En septiembre de 2011, contrataron a Gennaro en una tienda de comestibles. Seis días a la semana, diez horas al día: repone los estantes, descarga las cajas y entrega los pedidos por el barrio.
Gennaro soñaba con ser informático, pero es dependiente de tienda, el oficio más extendido entre los niños trabajadores de Nápoles. Cobra en negro, a menos de 1 euro la hora y gana, como mucho, 50 euros a la semana. Gennaro acaba de cumplir 14 años.
Paola Rescigno, la madre de Gennaro, nunca pensó que tendría que privarle del colegio un día. Desde hacía veinte años vivía con su marido en 35 metros cuadrados en un patrio trasero del barrio de San Lorenzo, el más oscuro del centro de la ciudad. Sigue leyendo en Le Monde

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