viernes, 6 de abril de 2012

Los negros en la Argentina


En 1502, llegaron los primeros esclavos negros de África a América. El ingreso sistemático de africanos al puerto de Buenos Aires comenzó a causa de las necesidades de mano de obra y la casi inexistencia de indios. Fueron 13.750.000 los esclavos traídos a América. Eran traídos en buques especiales, llamados Ataúdes o Tumbeiros.

Procedían mayoritariamente de la costa occidental africana (Senegal, Gambia, Sierra Leona, Ghana, Guinea, Angola). Víctimas del hacinamiento, el hambre, la pestilencia, la tortura, el dolor y el pánico, muchos murieron en el barco durante la penosa travesía que duraba dos meses. Los que sobrevivían, llegaban enfermos o heridos, lo que representaba una mala inversión para los mercaderes y eran lanzados al mar. Los demás, una vez llegados a destino, solían ser cebados o incluso drogados para que lucieran lo más saludable posible. Luego se los marcaba con hierro candente en la frente o en la espalda -con un instrumento que tenía el nombre africano de carimba. Venían atados uno arriba de otros en las bodegas de los buques, sin las mínimas condiciones de higiene, sin la adecuada alimentación; en estas condiciones aquellos negros eran fácil de contraer enfermedades y epidemias.

En América, miles de negros esclavos eran vendidos a los hacendados y citadinos españoles en los llamados mercados de trata. Para este fin eran exhibidos encadenados apenas arribaban mientras eran denigrantemente subastados. Los precios variaban de acuerdo al sexo, fortaleza, salud y edad. Adquiridos pasaban a ser patrimonio de su amo, quien disponía de su destino y de su vida. Tenían un valor en dinero y pertenecían a alguien y los alimentaban para utilizarlos en faenas y servicios que el amo creyera conveniente. Si el amo quería deshacerse del esclavo, lo ofertaba en el mercado de trata de esclavos, poniendo un sobreprecio, para recuperar su inversión y sacar algún dividendo.

Los amos retribuían este servicio gratuito con la vivienda y la alimentación que les proporcionaban. Los esclavos no podían salir de la propiedad del patrón y carecían de libertad. Al esclavo que infringía alguna norma se le castigaba severamente, por lo que existieron varios sistemas de tortura. Sea cual fuere el castigo acordado para el esclavo rebelde, se cuidaban de no desfigurarlo dado que, de ser así, su precio de venta en el mercado disminuiría. Sin embargo, se tiene noticia de que al negro muy rebelde o cimarrón, le cortaban las orejas, lo castraban e incluso le cortaban las manos.

En el período que abarca desde el 1700 hasta principios del 1800, entraron legal e ilegalmente esclavos africanos al puerto de Buenos Aires traídos por la Compañía de Guinea -después se sumaría la inglesa South Sea Company. Tras la llegada, fueron literalmente 'almacenados' en galpones en la zona de Retiro.'En la ciudad era común que en los caserones coloniales trabajaran alrededor de doce negros'.

El comercio esclavista

Ya a partir de 1660, provenientes sobre todo del puerto angoleño de Loanda, pero también desde Guinea, Senegal, Cabo Verde, Nigeria y Togo, y en su mayoría pertenecientes a pueblos de origen bantú, centenares de esclavos fueron desembarcados en el puerto de Buenos Aires, lugar de confinamiento, subasta y distribución. En este sentido, si bien el porcentaje de negros llegados a estas costas iba a ser menor que en otros puntos de América, la ciudad alcanzaría tales niveles como plaza reexportadora de esclavos hacia Potosí, hacia Chile y al interior argentino, que prominentes comerciantes locales se enriquecieron con este tráfico.

El Cabildo de la ciudad, un céntrico edificio de clara arquitectura colonial que, por haber sido el asiento geográfico de la Revolución de Mayo, hoy es uno de nuestros símbolos históricos y patrióticos, era entonces el sitio de las almonedas públicas, donde mujeres y hombres casi desnudos, adultos y niños traídos violentamente desde Africa con marcas de hierro candente en sus cuerpos, expuestos aquí a enfermedades y bajas temperaturas desconocidas para ellos, se convertían en piezas de la oferta y la demanda de los concurrentes.

¿Los posibles compradores ? Familias pudientes, órdenes religiosas y negociantes que enviaban su mercadería a las minas de Potosí, en la actual Bolivia. Buenos Aires no era entonces más que un pueblo de 400 casas de barro y paja, pero rápidamente se convirtió, junto con la vecina Montevideo, en uno de los dos grandes centros distribuidores de la trata rioplatense.

Se lee en un documento de un comprador de la época : '(...) los dichos esclavos para que los pueda sacar, trajinar y vender libremente por esta provincia (Buenos Aires), la del Tucumán y la del Paraguay'. Otros destinos fueron la provincia de Córdoba, la de Mendoza y la de Catamarca.

En zonas rurales, las tareas en las haciendas coloniales propiedad de laicos, jesuitas y otras órdenes, estaban a cargo de mano de obra esclava, negra o mulata. La Compañía de Jesús, el Estado español por medio del Cabildo, las familias principales, los grandes comerciantes e incluso las capas medias de la población, fueron, si se los considera en conjunto, dueños de miles de africanos a su servicio.

'En la ciudad era común que en los caserones coloniales trabajaran alrededor de doce negros'.

Pero los esclavos no se compraban sólo para servir en tareas del hogar, sino también para obtener ganancias mediante la explotación. Muchas familias vivían del trabajo de sus esclavos que, siendo hábiles artesanos, eran empleados en los amplios patios de las casas haciendo escobas, velas o dulces que luego vendían por las calles. También eran cocineros, mucamos, albañiles, blanqueadores, cavaban pozos o hacían changas. 'Otro oficio que tenían era el de sacadores de hormigas u hormiguereros, como ellos se titulaban', señala José Ingenieros en Buenos Aires desde 70 años atrás, y comenta que vendían alimentos como, ají, limón, cebolla y la más importante, las aceitunas : 'Este artículo era muy vendible, y muchas familias especulaban en ese ramo, no teniendo el moreno más parte en el negocio que el vendaje ; es decir, el tanto por peso, que generalmente era 10 centavos'. Algo tan irrisorio si se compara con el precio de su propia libertad que podía costarles 200 pesos, lo mismo que salía -según afirma el historiador Carlos Mayo- ponerse una pulpería, esos boliches de campo a los que no tenían permitido el acceso.

Hacia mediados del siglo diecinueve comienza la desaparición o disminución del africano en Buenos Aires, por diversas causas no enigmáticas, sino, de acuerdo con la investigación histórica, razonadamente comprobables. Empieza a producirse un encadenamiento de factores, como la prohibición de la trata de esclavos en 1812, y el punto final definitivo a ese comercio en 1840, hechos que originan una reducción en el ingreso de africanos. Otro factor es la muy elevada tasa de mortalidad negra, en especial la infantil.

La vida de los africanos que sobrevivieron en el Buenos Aires antiguo conocía también de castigos. Uno característico, luego de alguna falta o por disconformidad del amo, era el de ser azotado junto a los muros del Cabildo, a modo de lección pública. Los trabajos o oficios más comunes para ellos eran : escobero, aguatero, pastelero, lavandera, jornalero, vendedor, músico, amas de leche para niños blancos.

El lavado de la ropa en la costa del río sigue siendo toda una institución para el Buenos Aires de 1825. Cada mañana, a lo largo de 3 kilómetros, se entiende un ejército formado por centenares de negras y sirvientas. Trabajan hablando constantemente y secan su ropa sobre el mismo suelo. No son mañanas apacibles: cuando se descubre una ladrona se practica la ejemplificadora costumbre de zambullirla varias veces en el río. Las negras suelen utilizar el marco de su trabajo para bautismos y casamientos. Forman arcos de ropa blanca y los homenajeados desfilan debajo de ellos, en medio de la grita y el tambor. Esta es una de las caras del lavado en la costa. Otra, y muy distinta, se aprecia cuando se desata una tormenta. Son 3 kilómetros de confusión mayor, en los que corren las lavanderas tras su ropa. Un infierno que se prolonga hasta muy avanzado el atardecer.

De 1776 a 1810 un tercio de los esclavos de Buenos Aires consiguió comprar su libertad, procedimiento conocido como manumisión, para lo cual el individuo africano debía esforzarse por reunir, muchas veces con ayuda de su familia, del barrio o de una cofradía, los cuatrocientos pesos en que estaba tasado.

Tres tipos básicos de agrupaciones de africanos comenzaron a constituirse en aquel Buenos Aires ya en tiempos del Virreinato : las cofradías, las naciones y las sociedades. El control de estas agrupaciones fue ejercido primero por la Iglesia y posteriormente por la policía. Su expresión principal eran los bailes públicos, con cuya recaudación solventaban los gastos de misas, funerales y ayuda a los enfermos.

El sostenimiento de la tradición en los afroporteños constituyó un espectro amplio, profundo en su aspiración de salvaguarda, hecho de costumbres y rituales públicos y privados ; por ejemplo, mediante el canto y la música. De forma intermitente dichos bailes públicos pasarían por épocas de prohibición y libertad. Vinculado con fuerza al ritual celebratorio, pero también al religioso e incluso al funerario, el candombe fue, no obstante, tachado algunas veces de danza lujuriosa, salvaje y con potencial subversivo. De esa natural heterodoxia se deriva una hipótesis sugerente : la fiesta colectiva negra llamada candombe, desarrollada sólo por los afroporteños, con el tiempo parece haber dado lugar a otros ritmos, bailes clandestinos y de suburbio en donde se introducen también los blancos pobres. Caracterizada como 'una burda pero exitosa imitación por los compadritos blancos de los bailes negros, surge entonces la milonga. A su vez, la milonga se convertirá en una especie de etapa musicológica preliminar para el surgimiento del tango.

La esclavitud no fue totalmente abolida hasta la consagración de la Constitución Nacional de 1853, es decir, cuarenta y tres años después de haberse iniciado el proceso emancipador. Esta demora se produjo por dos razones, una, porque los negros esclavos fueron utilizados, en esa calidad, como fuerza de los ejércitos criollos ; en segundo lugar, porque el partido esclavista era muy poderoso entre los comerciantes porteños. Durante la fiebre amarilla de 1871 (en realidad la epidemia reunió variadas enfermedades contagiosas), los barrios más castigados por el flagelo fueron los que habitaban los negros. Eran barrios desprovistos de higiene en una Vieja Aldea que carecía de toda organización sanitaria. Eran los barrios más pobres y en donde la vida era más dura. Allí se desató la tragedia alentada por el hacinamiento, la promiscuidad, la miseria, la suciedad. No eran mejores las condiciones sanitarias y de vida en los barrios blancos, pero en los que habitaban los negros, era peor por la miseria reinante.

El ejército rodeó a los barrios negros y no les permitió la emigración hacia la zona que los blancos constituyeron el Barrio Norte como producto del escape de la epidemia. Los negros quedaron en sus barrios, contra su voluntad, allí murieron masivamente y fueron sepultados en fosas comunes. Algunos historiadores consideran que una de las zonas donde existirían esas fosas es en la Plazoleta Dorrego, en pleno San Telmo. Todavía, algunos otros negros, especialmente procedentes de la campaña, adonde el flagelo no había llegado, fueron reclutados compulsivamente, junto al irredento gauchaje criollo, y llevados a la guerra contra el Paraguay. Murieron luchando en los esteros guaraníes durante la Guerra de la Triple Alianza.

Según las estadísticas extraoficiales, la población de origen africano en Argentina está estimada en medio millón, desperdigada por todo el país, formando a veces pequeñas comunidades en la provincia de Buenos Aires en Munro, Palermo, Liniers, Morón, Chascomús y La Plata. También viven en Tucumán, Salta, Río Negro o Santa Fe, donde según relata la fundadora de la asociación Africa Vive, María Magdalena Lamadrid : 'Una química -antes de irse a Francia- vino a contarnos que ella hizo un estudio de sangre en Rosario y el 3 por ciento es negro, y de eso no se habla, y cuando vuelva de París, quiere hacerlo acá (Buenos Aires), quiere hacer las pruebas de sangre y me dijo, 'traeme a la persona más blanca que conozcas y nosotros le analizamos la sangre, vamos a ver si es blanca o negra''.Fuente: cecilgoitia.com.ar

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