lunes, 26 de marzo de 2012

La capital mundial de la violencia sexual


Diariocrítico/Agencias 24/03/2012

La joven periodista congoleña Caddy Adzuba, galardonada con varios premios internacionales por su trabajo en favor de la libertad de prensa, se pregunta por qué los medios de comunicación occidentales no se preocupan por la situación de su país, un territorio devastado donde más de 300.000 mujeres, muchas de ellas niñas, son víctimas de violencia sexual a menudo brutal, donde la violación se ha convertido en arma de guerra y donde hombres armados queman las casas y arrebatan sus bienes a la población.

Los medios, según clama, se interesan por la primicia y no hacen seguimiento ni prestan atención a las consecuencias. Por eso se explica que la República Democrática del Congo (RDC) fuera noticia hace unos años, al inicio del conflicto armado que se desató en el 96, y hoy haya caído en el más absoluto olvido.

"No sé por qué. Esos mismos medios sí tienen interés por todo lo que ocurre en Oriente: Irak, Pakistán, Afganistán, Israel, Palestina... No llego a explicarme esta discriminación mediática. ¿Es que el África negra no es interesante? Sin embargo, nadie ignora que los medios influencian las decisiones políticas en el plano internacional. Nos falta el apoyo extranjero en nuestra lucha", implora.

Caddy Adzuba, comprometida en la defensa de los derechos humanos, y en especial de las mujeres y la infancia en materia de conflicto, ha participado este sábado en el II Encuentro 'Mujeres que transforman el mundo', que se celebra en Segovia hasta el 1 de abril.

Lo ha hecho desde la distancia, a través de una videoconferencia desde su país, donde precisamente por su activismo le negaron el visado que le permitiría asistir a la entrevista con la periodista Mayte Carrasco, a la que hoy se ha sumado la ex corresponsal Rosa María Calaf. "He aquí una vez de tantas en que los derechos de asistir libremente a encuentros para cambiar el mundo son violados por unos principios, no se sabe cuáles", lamenta en una entrevista con Europa Press esta joven, amenazada de muerte en otras ocasiones.

Adzuba trabaja en Okapi, radio de la Misión de Naciones Unidas, de renombre en África central, que ella utiliza como altavoz para denunciar "aquello que no va bien" y la incesante violación de los derechos de la mujer. Cada día se levanta para trabajar con, por y para la población en búsqueda de la paz y el respeto a la dignidad de las personas, no sólo de las féminas, "las primeras víctimas", sino también de los hombres, pues son muchos los que están siendo asesinados en ataques armados. Su oficina, dice, "son las calles, los pueblos castigados y los rincones peligrosos".

Desde la Asociación de Mujeres de Medios, sensibiliza además a la opinión sobre la violencia de género y lleva su alegato a las autoridades políticas nacionales para que se impliquen en el restablecimiento de los derechos de la mujer.

"La situación es preocupante. Aunque se desarrollan actividades con organizaciones feministas y sociedad civil, nada cambia, la violencia de género y los ataques sexuales continúan", asegura la congoleña, quien reconoce que, tras ratificar el Gobierno informes jurídicos sobre la protección de la mujer, en algún momento ha tenido la esperanza de que su labor diaria iba a ser el principio del cambio, pero que a la hora de la verdad, sobre el terreno, las féminas carecen de representación tanto en la vida política --menos del ocho por ciento ocupa un escaño en el Parlamento-- como en los cargos directivos de las empresas.

En la antigua Zaire, como ella, muchas mujeres están realmente concienciadas del problema del género y la igualdad. Hay entidades creadas para esta lucha y las féminas se organizan para sensibilizar a la opinión nacional e internacional. En 2010, de hecho, la Marcha Mundial de las Mujeres se celebró allí, en Sud-Kivu, lo cual --dice Azduba-- "es la prueba de que las congoleñas se movilizan para decir 'no' a la deplorable situación en la que se encuentra el 80 por ciento".

Sin embargo, según advierte, aún siete de cada diez mujeres no comprenden la situación que viven y piensan que no deben participar en la vida política. "No comprenden que es a través de ellas que el cambio es posible en RDC. Las féminas son desde años violadas por militares y milicias extranjeras y el gobierno de hombres no ha cambiado nada, pero estamos convencidas de que una mujer que se haga con la confianza de la población será capaz de negociar la paz y el fin de la guerra", señala la periodista, quien se apena porque en el medio rural y ciertas intelectuales todavía "no son conscientes de esta estrategia".

Haciendo referencia al título del encuentro, Caddy Adzuba se aferra a la idea de que las mujeres bien podrían cambiar el mundo. "Sólo hace falta que se unan y se decidan a pasar a la acción. Es simplemente cuestión de reflexionar sobre estrategias comunes en África, Europa, América y Asia. Nosotras representamos una gran fuerza de disuasión e influencia que debemos saber capitalizar", exclama.

El encuentro con Adzuba, celebrado en la Cárcel Centro de Creación, ha contado con la proyección del trabajo audiovisual 'PourQuoi?', de la artista española Ouka Leele. Producida por María Isabel Caparrós (Bettina), esta película de 19 minutos refleja la situación de la mujer en RDC a través del relato en primera persona de la joven congoleña. 

La "capital mundial de la violencia sexual"

La República Democrática del Congo (RDC) es un país inmerso en un clima de inestabilidad constante. Considerado el país más pobre del mundo según el Índice de Desarrollo humano de 2011, la guerra civil en la que está sumido parece no acabar nunca. Su actual presidente, Joseph Kabila, anunció a su llegada al poder en 2005 que pacificaría el país, algo que a día de hoy está muy lejos de producirse.

El ejército de la RDC no cuenta con una unidad de mando única sino con una serie de grupos que actúan autónomamente. Además, como el Estado no tiene dinero para mantenerlo, los militares expolian pueblos como las milicias hacían antiguamente, lo que hace prevalecer un estado de tensión constante en el país.

Este clima de inestabilidad se traduce frecuentemente en abusos contra los derechos humanos, entre los que se incluyen las constantes violaciones a mujeres a manos de grupos armados. Amnistía Internacional aseguraba en 2009 que la RDC era el país con mayor número de violaciones a mujeres por parte de grupos militares. Estas agresiones suelen ser utilizadas como tácticas de guerra y, en la mayoría de las ocasiones, quedan impunes.

Marie, de 37 años, salió una mañana de septiembre de 2010 a recoger plátanos como en tantas otras ocasiones. “En un cierto momento llegaron dos soldados a la plantación. Me detuvieron y me dijeron que si hablaba me matarían. Se oían disparos a lo lejos, así que supuse que estaban atacando el pueblo. Uno de los soldados me violó seis veces. Insistió en que lo llevara a mi casa. Al volver al pueblo, vi a unos soldados saqueando las casas. El que me acompañaba se llevó de la mía un colchón, cuatro cabras y cuatro gallinas. Luego se marchó. Saquearon todo el pueblo [...]”. 

Pese a lo terrible del suceso, Marie asegura que su principal preocupación es sobrevivir y conseguir atención médica. “Mis hijos no pueden ir a la escuela porque lo he perdido todo”. Obtener justicia no es lo prioritario para ella.

En enero de 2011, miembros del ejército violaron a 35 mujeres, saquearon y abusaron de los habitantes de Fizi, Kivu Meridional. En este caso, y debido a la mayor repercusión internacional del ataque, fueron detenidos 11 militares, entre ellos el coronel Kibibi Mutware. Los tribunales, financiados por organizaciones internacionales, condenaron al coronel y a otros tres oficiales a 20 años de prisión por crímenes de lesa humanidad y a otros cinco oficiales a penas de entre 10 y 15 años de cárcel.

“Esta condena es un paso en la dirección correcta”, 
declaraba tras la sentencia entonces, Claire Morclette, adjunta de investigación y acción de la RDC para Amnistía Internacional.

Pero esta sentencia es una excepción en la RDC. En el país, el poder judicial dista de ser independiente, y jueces y funcionarios son objeto de amenazas por parte de las autoridades. Los oficiales protegen a los soldados y la cúpula política y militar protege a los altos mandos. La corrupción es endémica en el sistema judicial. Cuando las demandas llegan a juicio, las sentencias rara vez se aplican.

Sophie, de 45 años y madre de siete hijos, fue violada en 2005 por miembros de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda y, en octubre de 2009, durante un ataque de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC), que provocó la huida en masa de todos sus convecinos.

“Quisiera presentar una denuncia, pero no sé por dónde empezar. Vi a unos abogados llegar en unos vehículos de la ONU para hablar de lo sucedido. No sé quiénes son. Pero no tengo testigos de lo que me pasó y no puedo identificar a los responsables. Ojalá castigaran a los responsables; eso animaría al resto de la población a denunciar lo que les sucede”.

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