miércoles, 28 de diciembre de 2011

Crisis económica y aumento de los suicidios


Las consecuencias que está teniendo la crisis y concretamente el desempleo en la salud han sido tratadas en más de una ocasión en diversos artículos en la prensa y en revistas más especializadas. Más específicamente se ha tratado de los efectos negativos del desempleo en la salud mental, de lo que cada vez hay más abundancia de indicadores: aumento de visitas médicas relacionadas con problemas de ansiedad, elevados casos de depresión, aumento del alcoholismo y otras drogodependencias,  incremento de casos de violencia, aumento de consumo de medicamentos antidepresivos y ansiolíticos, etc. Existe una relación muy directa entre las crisis económicas, el desempleo y el empeoramiento de la salud mental. Un dato: el promedio de personas con problemas psicológicos entre los desempleados es de un 34%; en cambio entre las personas con empleo es del 16%. Otra constatación es que cuanto mayor es la duración del período de desempleo son mayores las consecuencias negativas sobre la salud mental.
Según una encuesta reciente, la calidad de vida de los ciudadanos del Reino de España ha empeorado debido a la bajada de sus ingresos económicos y a que su salud se ha deteriorado.  También existe una relación entre la protección social y la salud mental. La protección social es un buen protector de la salud mental; es el caso de tener una prestación de paro que ejerce de factor determinante entre tener mejor o peor salud mental en el caso de estar desempleado [1].  En los países con mayor protección social como es el caso de Suecia,  los índices de suicidio no están correlacionados con el desempleo a diferencia del Reino de España, donde los índices de suicidio y desempleo van al unísono [2]. Pero entre los datos sobre el deterioro de la salud mental en tiempos de crisis hay uno que es muy destacado y que algunos artículos de prensa en los últimos días [3] han puesto de manifiesto: el aumento alarmante de los casos de suicidio. El suicidio es una de las formas de muerte más extendida en el mundo superando a los muertos por accidente de tráfico, terrorismo y violencia machista, pero aunque un millón de personas se suicide cada año según la OMS (mayoritariamente hombres) es un tipo de muerte que ha padecido desde siempre un gran tabú.  Una de las razones de este tabú es el efecto contagio analizado hace muchos años en De la Contagion del suicide de Paul Moreau de Tours (1875) y La contagion du meurtre de Paul Aubry (1896). Contagio que provocarían determinadas figuras públicas influyentes o celebridades como cantantes de rock o incluso líderes sectarios que arrastran a multitudes y que pueden provocar algún efecto entre sus seguidores. Pero como han analizado algunos autores parece muy frágil esta argumentación pues  es “absurdo otorgarle a éste unas capacidades contagiosas más peligrosas que las de ese otro tipo de violencia ejercida sobre segundas y terceras personas, aquella que, paradójicamente, atiborra los medios de comunicación”[4]. Este tabú ha sido manifiesto en todas las épocas y culturas y censurado por casi todas las religiones como ahora pone de manifiesto la iglesia (en este caso ortodoxa) griega cuando niega servicio religioso a las familias de suicidas y eso contribuiría a esconder la verdadera realidad que sería aún mucho más acuciante.Continúa leyendo en sin permiso

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